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jueves, 17 de mayo de 2018

TLACAÉLEL.


Para la edificación de los grandes imperios, deben existir grandes hombres que aporten sus ideas para lograr su desarrollo. El imperio Mexica fue maravilloso, se extendió de océano a océano y de norte a sur, su dominio sobre el territorio era absoluto, lo que les permitió fundar la magnífica ciudad de Tenochtitlan. Sabemos que su crecimiento fue rápido, que su sistema político funcionaba correctamente, que su economía era prospera y el sistema religioso sólido. Gran parte del gran desarrollo de Tenochtitlan se debe a un hombre que se llamaba Tlacaélel (el de corazón varonil).

Fue considerado un hombre sabio, elocuente y justo, por lo que alcanzó el rango de Cihuacoatl (sumo sacerdote y consejero del Tlatoani). En el imperio Mexica no se tomaba una decisión sin ser consultada con Tlacaélel, que además era un excelente estratega y guerrero, ya que logró vencer a los amenazantes Tepanecas de Azcapotzalco, con la creación de la Triple Alianza, esa importante victoria lo impulsó a la grandeza que gozó durante toda su vida y que grabó su nombre en la historia del más grande imperio del Valle del Anáhuac.

“El conquistador del mundo” engrandeció al imperio Mexica, sus múltiples victorias en los campos de batalla sumaban grandes extensiones de territorio, sin embargo su sabiduría destacaba, ya que  no era un tirano, su valioso consejo dirigía acertadamente a los Tlatoanis sobre cuál sería el destino de  los pueblos conquistados, logrando de esta forma la pacificación y unión de los pueblos centrales del Valle de México.  

Tlacaélel era noble, era hijo de Huitzilihuitl y hermano de Moctezuma Ilhuicamina, lo que le permitió acceder al Calmecac a recibir la mejor educación, aprendió los textos antiguos, los himnos sagrados y los cantos, así como las artes de la guerra. Su sabiduría se reflejaba en cada una de las decisiones que tomaba para beneficio del pueblo Mexica. Impulsó grandes reformas en la ideología religiosa, dando como resultado que pasaran de ser considerados como un pueblo pobre, mediocre  y errante, a reescribir por completo los códices, para ser considerados como los elegidos por los dioses, “el pueblo del sol” con un destino glorioso para conquistar a los otros pueblos, siempre protegidos por el dios Huitzilopochtli (dios de la guerra), el cual fue considerado como dios supremo de los Mexicas por influencia del sumo sacerdote Tlacaélel. También fue él, quien promovió la búsqueda de Aztlán, el origen misterioso de la civilización Mexica, en donde trataban de justificar su origen divino y así se originó la leyenda de la fundación de Tenochtitlan en el lugar destinado por Huitzilopochtli en el que encontraran un águila devorando a una serpiente.

En el ámbito económico, no se puede entender el rápido crecimiento del imperio, sin las importantes aportaciones que realizó Tlacaélel, redefinió la forma en la que se trabajaba la tierra, estableció el sistema de tributos de los pueblos conquistados, la forma en la que se realizaba el comercio y el sistema jurídico. Las bases de la organización económica que estableció Tlacaélel, le otorgaron al pueblo Mexica su gran riqueza.    

No fue Tlatoani por decisión propia, rechazando la propuesta en varias ocasiones, sin embargo su poder e influencia era absoluto. Fue un hombre que no uso el poder sino para beneficio y el desarrollo de su pueblo, creando la conciencia místico-guerrera que los llevaría a la grandeza que se mantuvo hasta la caída de la grandiosa Tenochtitlan por los conquistadores españoles en 1521. Creó un consejo de cuatro notables, llamados Tlacohcálcatl, Tlacatécatl, Eznahuácatl y Tlillancalqui, que tenían la función de asistir al Tlatoani en el gobierno, equilibrando así el ejercicio del poder. En el campo de batalla, Tlacaélel sufre su única derrota contra los Tarascos en Michoacán, pueblo feroz que nunca pudo ser conquistado por los Mexicas.

No podemos olvidar que se considera que la grandeza del imperio Mexica, comienza después de que se venció a los Tepanecas de Azcapotzalco, que un joven Tlacaélel dirigió al ejército que los venció para así lograr su autonomía y que las reformas políticas, económicas y religiosas que implementó, impulsaron el gran crecimiento del imperio, permitiendo que alcanzara una notable riqueza y esplendor.  Tlacaélel el hombre de poder detrás del trono Mexica, fue una figura de notables méritos, tuvo una vida de esfuerzos y trabajo constante, es un gran ejemplo de que con voluntad se pueden realizar grandes transformaciones a pesar de las innumerables circunstancias adversas.  

viernes, 28 de junio de 2013

AZTLÁN EL ORIGEN MISTERIOSO.



El saber ¿de dónde venimos?, es una incógnita que ha acompañado al hombre a lo largo de toda su evolución, es latente el misterio de conocer nuestro origen, los grandes pensadores de las culturas antiguas tenían presente constantemente la necesidad de descifrar la interrogante, lo que orillo a los mismos a generar la mitología que permitía explicar ese enigma. Dentro de esa mitología se encuentra la generada por la cultura azteca, que narra el origen de un imperio majestuoso de todos los tiempos, que comenzó con el peregrinaje de un grupo de personas que provenía de Aztlán, la región más sagrada de que ellos tuvieran conocimiento, es el sitio en donde se encontraba Chimóztoc lugar de las siete cuevas, cuando emergieron de las entrañas de la tierra.

Cuentan y dicen los viejos que saben, que en medio de un gran lago, fue donde partieron las cuatro tribus nahuatlacas, transcurridos 130 años después de la creación del quinto Sol, de conformidad con las indicaciones del dios Huitzilopochtli (dios de la guerra), que se manifestó como un pájaro que en su cantar dejaba escuchar “tihui,  tihui, (ya vámonos, ya vámonos)”. Los peregrinos buscaban mejores tierras en donde asentarse, se llamaban aztecas porque eran originarios de la tierra de Aztlan, sin embargo en una revelación su dios les ordeno llamarse mexicas, adornando sus orejas con plumas y otorgándoles el arco y la flecha.

Tardaron muchos años en asentarse, pasaron por Tollan (Tula) en donde aprendieron de los Toltecas grandes cosas, como la fiereza en la guerra, las artes, la elaboración de los penachos y los sacrificios en la panza de Chakmool; llegaron al Valle de México y se encontraron con muchas dificultades al chocar con los pueblos que en ese entonces dominaban esa región, como el de Culhuacán mismo que debido a sus crueles prácticas culturales los expulsó y los forzó a huir de sus tierras, sin embargo la fiereza y determinación del pueblo mexica les abrió camino al grado de ser temidos por los vecinos, a los que les incomodaban su carácter guerrero y se les llego a considerar no humanos, se decía que provenían del infierno (el lugar del frio eterno).

Los sabios más sabios y viejos decían que la tierra que Huitzilopochtli les prometió a los herederos de Aztlán, estaría localizada en donde estuviera un águila sobre un nopal devorando una serpiente, la señal se revelo sobre un islote en el Valle de México a las orillas del lago de Anáhuac, cuando Tláloc indico que Huitzilopochtli había llegado a su destino, la migración culmina en el año 1325, una vez que los sabios determinaron que todas las señales se habían cumplido, ahí edificaron Tenochtitlan la capital del Imperio Azteca, la majestuosidad de este imperio dejo sorprendidos a los propios españoles, quienes no habían visto ciudad tan bien organizada y de tal belleza.  

Tal fue la fascinación por Aztlán, que los propios Aztecas, una vez que su imperio estaba consolidado, comenzaron a preguntarse por la tierra que les dio origen, pensaban que su grandeza y poderío tenia raíz en el lugar de donde partieron, –el lugar en donde habitaba Coatlicue–, era tal su apego y melancolía que se envió una expedición a buscar en donde se localizaba, los viejos decían que era dichosa y tenía abundancia, con gran variedad de árboles y animales, que se encontraba en el lugar del gran lago, en el cerro de las siete cuevas, después de pasar por donde no había en donde estar, más allá de la tierra del ocelote, en donde las piedras lastimaban y las hierbas mordían. El emperador Moctezuma I, solicitó consejo de Tlacaelel para localizar la ubicación de Aztlán la “Tierra Blanca”, se determinó encontrar el camino de retorno, para saber quién la habitaba, para lo que se convocó a los mejores nahuales y brujos que harían llegar un mensaje a Coatlicue madre del dios de la  guerra, haciendo  saber que Huitzilopochtli había logrado su objetivo de guerrero.  

Se narra por los que saben que los nahuales enviados por Moctezuma I y Tlacaelel, realizaron conjuros poderosos  para que los dioses los volvieron fieras y algunas aves para llegar a Aztlán, una vez que llegaron recuperaron su forma humana, vieron a personas remando sobre sus chinampas, les hablaron y reconocieron su mismo idioma, estos quedaron sorprendidos y preguntaron sobre su origen:

–­¿De dónde vienen, quiénes son?
–Somos mexicas de Tenochtitlan y buscamos el lugar en donde habitaron nuestros antepasados.
–¿A que dios adoran?
–A Huitzilopochtli; nuestros señores Moctezuma y Tlacaelel nos enviaron en busca de Coatlicue, la madre de nuestro dios y saber si es aquí el lugar de las siete cuevas Chicomoztoc, traemos algunas cosas de las que allá se dan, como ofrenda para la madre de nuestro dios.

Después de esto fueron presentados ante un viejo servidor de Coatlicue, frente al cerro de Colhuacán:

–Venerable anciano y señor, hemos llegado nosotros tus hijos al lugar donde tu palabra es respetada, hemos venido enviados por el señor Moctezuma y el señor Tlacaelel al que llaman Cihuacoátl.
–¿Quién es Moctezuma y quién es Tlacaelel? porque esos nombres no son de acá, da acá partieron siete varones, caudillos de los viejos barrios y con estos se fueron cuatro sabios servidores de Huitzilopochtli.
–Señor no conocemos a esos señores, pues todos han muerto hace tiempo.
–¿Qué pudo matarlos? ¡Todos los que aquí nos quedamos seguimos vivos!

Los hechiceros relataron que el venerable anciano los condujo frente a Coatlicue, pero no le podían seguir el paso pues era ligero, y les pregunto:

–¿Qué les pasa mexicas?, ¿Qué comen allá en sus tierras?, ¿Qué los hizo tan pesados que no pueden subir?
–Comemos Maíz y bebemos cacao y de todas las cosas de las que allá se dan.
–Pues por eso que comen y lo que beben no pueden llegar al lugar de sus antepasados. Y esas riquezas que cargan los hacen aún más pesados, acá no se usan esas cosas porque la vida es humilde. Quédense ahí llamare a la Madre Coatlicue para que la vean.     

 Los mexicas esperaron mientras veían alejarse al anciano con gran ligereza, una vez que estaba en la cima del cerro, salió una mujer de mucha edad, con una cara sucia que parecía haber salido del infierno, la anciana los miro y les dijo:

–Mi corazón se alegra al verlos hijos míos, después de que partió mi hijo Huitzilopochtli su dios, estoy triste y llorando, esperando su regreso. Él me dijo regresaré pronto, solo acompañare a estas familias a la tierra prometida a donde han de ir, una vez que yo haga la guerra con mi lanza y todas las provincias, ciudades y pueblos, estén a mi servicio, entonces retornare, pues habrá acabado mi tiempo. Supongo que debe estar muy bien allá que no se acuerda de su madre, por eso les mando a ustedes que le digan de mi parte que ya está cumpliendo su tiempo, así como el hizo la guerra y sometió con su lanza a todos los pueblos, así como los conquistó se los quitaran, y será expulsado por gente extraña, rodara cuesta abajo con sus armas, el gran guerrero será vencido y volverá a mi seno, ya es hora de que vuelva y para que se acuerde que soy su madre y que quiero verle denle este calzón de henequén.

Así fue dicho por la madre Coatlicue y así lo transmitieron los sabios a Moctezuma y Tlacaelel, y los señores de Tenochtitlan escucharon con el corazón entristecido que su dios seria vencido. La leyenda del retorno a Aztlan se transmitió entre los aztecas, reconociendo su origen divino, el calzón fue mandado al templo del dios guerrero, pues era un regalo de su madre, los aztecas tenían un gran sentido del ciclo de la vida, que se asemejaba al destino que esperaba a su pueblo.         

Hasta aquí la leyenda de Aztlán, muchos  concluyen que la “Tierra Blanca” se encuentra al noroeste de México, su ubicación exacta aún es un misterio, no existe un consenso respecto al paradero de esta tierra sagrada de los Aztecas, pero sin duda el misterio es lo que ha permitido que esta leyenda tome fuerza, el origen de una de las culturas prehispánicas más desarrolladas de México se podría encontrar en esa tierra desconocida, quizá muchas respuestas respecto a nosotros mismos pudiesen ser develadas, genera asombro la idea de que exista un lugar de donde surgieron los hombres que en 200 años hicieron un majestuoso imperio por su fe ciega en el dios que les prometió todo. Quizá Aztlán el lugar sagrado de donde partieron nuestros ancestros se encuentre algún día, tal vez los dioses sigan habitándolo y nos encontremos con Huitzilopochtli quien volvió como le prometió a su madre, quizá hablemos con los dioses en una nueva era en la que los hombres podamos entender lo que nos quieren decir y veamos con nuestros ojos el renacimiento de México con su capital Tenochtitlan.

Sólo venimos a dormir,
sólo venimos a soñar,
¡No es verdad, no es verdad!
¡Qué venimos a vivir en la tierra! (Canto mexicano de Tenochtitlan).